20 ciclistas recorren las calles de Málaga para conmemorar el Día Mundial de las Personas Ostomizadas y homenajear a las profesionales que hacen la diferencia
La mañana del Día Mundial de las Personas Ostomizadas amaneció con el sonido de pedales y aplausos en Málaga. La Asociación Provincial de Ostomizados y Familiares celebró su 3ª Jornada Ciclista Hospitalaria, un evento que cada año gana más fuerza y que este 2025 dejó claro que la visibilidad no se pide: se pedalea.
Tres años. Tres ediciones. Una certeza cada vez más sólida: cuando decides hacerte visible, el mundo no tiene más remedio que mirarte. Y Málaga miró. Conductores, peatones, comerciantes y vecinos vieron pasar a 20 ciclistas que no solo recorrían calles, sino que trazaban un mapa de normalización y dignidad.

El día que las estomaterapeutas fueron las protagonistas
El acto arrancó con un momento especial: la entrega de placas conmemorativas a tres estomaterapeutas excepcionales. Ana Carmen Montesinos, Alejandra Nena y Carmen Alcántara subieron al escenario entre aplausos sinceros, de esos que nacen del estómago y llegan directo al corazón. Porque si algo quedó claro en esta jornada es que detrás de cada persona ostomizada que recupera su vida, hay profesionales que acompañan, cuidan y transforman.
Las estomaterapeutas son esas heroínas sin capa que conocen tus miedos antes de que los verbalices. Las que te explican que sí, que tu vida va a cambiar, pero que no va a acabarse. Las que convierten el pánico del primer día en la confianza del segundo mes. Las que entienden que una ostomía no es solo un procedimiento médico: es una revolución emocional que necesita guía, paciencia y conocimiento técnico a partes iguales.
Homenajear a estas tres profesionales no fue un acto protocolario. Fue justicia poética. Porque mientras la sociedad sigue debatiendo sobre visibilidad y derechos, ellas llevan años ejerciendo el activismo más efectivo que existe: el de la atención personalizada, el trato humano y la información de calidad.

Un recorrido que es mucho más que kilómetros
20 ciclistas partieron del Hospital Regional de Málaga cuando el sol aún no había alcanzado su punto más alto. No importaba el nivel de cada uno ni su experiencia previa sobre ruedas. Lo que importaba era el símbolo: avanzar juntos, en la misma dirección, con el mismo objetivo.
El recorrido no se eligió al azar. Conectar los dos hospitales principales de la ciudad es trazar una línea entre dos puntos neurálgicos de atención sanitaria. Es reconocer que la salud de las personas ostomizadas es responsabilidad compartida. Es decir sin palabras: «Aquí también estamos. Aquí también existimos. Y vamos de un lado a otro como cualquier otro malagueño».
Pero este no fue un simple paseo urbano. La comitiva hizo una parada estratégica en el Ayuntamiento de Málaga, donde el alcalde Francisco de la Torre y el concejal de Derechos Sociales Francisco Manuel Cantos Recalde esperaban para recibirles. Y aquí está el detalle que marca la diferencia: no fue una foto de compromiso. Fue una conversación. Una escucha activa. Un intercambio de realidades entre representantes institucionales y representantes de una comunidad que necesita políticas concretas, no solo palabras bonitas.
Porque escuchar, estar presente y dar voz: eso es exactamente lo que necesita el colectivo de personas ostomizadas. No medallas vacías ni palmaditas en la espalda. Necesitan profesionales formados en todos los hospitales, acceso a productos de calidad sin listas de espera interminables, y una sociedad que deje de mirar hacia otro lado cuando se menciona la palabra «ostomía».
Y ese día, en ese despacho municipal, algo de eso se consiguió.
Cuando toda la ciudad se convierte en aliada
Organizar un evento de estas características no es cosa de dos personas y buena voluntad. Requiere coordinación milimétrica, permisos, logística y, sobre todo, colaboradores que entiendan que están participando en algo que va mucho más allá del patrocinio tradicional.
Los hospitales Regional de Málaga y Virgen de la Victoria no solo abrieron sus puertas: cedieron espacio, tiempo y profesionales. La Policía Local de Málaga garantizó que 20 bicicletas pudieran circular con seguridad por calles que suelen estar tomadas por el tráfico habitual. No es un detalle menor: es reconocer institucionalmente que este evento merece protección y prioridad.
Y luego están los colaboradores privados. Fundación Idilig, LHC, Gaman y Europcar aportaron recursos que permitieron que todo fluyera. Porque la visibilidad también se construye con presupuesto, con vehículos de apoyo, con material logístico y con empresas que deciden que sí, que este es un evento en el que quieren estar presentes.
Cada colaborador representa una pieza del engranaje que permite que el 3 de octubre no sea un día más en el calendario. Que sea EL día en que Málaga habla de ostomías sin bajar la voz.
La evolución de una jornada que vino para quedarse
La primera edición fue un experimento. La segunda, una confirmación. Esta tercera es ya una tradición consolidada. Cada año, más participantes. Cada año, más visibilidad mediática. Cada año, más instituciones que entienden que esto no es una moda pasajera: es una necesidad social.
Ver crecer esta jornada es ver crecer la conciencia colectiva sobre una realidad que afecta a miles de personas en España. Es comprobar que cuando te plantas firme y dices «aquí estamos», el mundo eventualmente ajusta su mirada.
Los verdaderos protagonistas
Pero lo más importante de todo fueron los protagonistas: los ciclistas que pedalearon con orgullo, las estomaterapeutas homenajeadas y todas las personas que día a día demuestran que llevar una ostomía no te hace invisible. Al contrario: te hace resiliente, valiente y consciente de que la vida es mucho más que apariencias.
Cada pedaleo era una declaración de intenciones. Cada kilómetro recorrido, una reivindicación silenciosa pero contundente. Cada sonrisa fotografiada, una evidencia de que la calidad de vida no se mide por lo que el cuerpo ha perdido, sino por lo que la mente ha ganado en perspectiva.
Mirando hacia el horizonte
Esta tercera edición marca un camino claro: cada año, más visibilidad, más apoyo, más compromiso institucional y social. Porque las personas ostomizadas no necesitan lástima; necesitan reconocimiento, acceso a profesionales cualificados en todos los centros sanitarios, productos de calidad sin barreras burocráticas y una sociedad que entienda que la diversidad corporal es parte natural de la vida.
El futuro de esta jornada pasa por seguir creciendo. Por incorporar más hospitales, más ayuntamientos, más empresas colaboradoras y, sobre todo, más personas que entiendan que apoyar esta causa no es hacer caridad: es construir una sociedad más justa, más informada y más humana.
Málaga pedaleó por ello. Y seguirá haciéndolo cada octubre, con más fuerza, con más participantes y con la certeza de que cada edición es un paso más hacia la normalización total.
Porque cuando decides que no eres invisible, el mundo no tiene más remedio que verte. Y Málaga ya está mirando.




